
Los simiots del Canigó: las bestias que bajaban del bosque
Hay tormentas de verano que llegan de golpe. El cielo se oscurece sobre el Canigó, el viento baja por el valle y los truenos hacen temblar ventanas y tejados.
Hoy miramos el radar del móvil. Siglos atrás, en el Vallespir, una granizada podía arruinar la cosecha y dejar a una familia sin nada. Y cuando no había forma de explicar una desgracia, el bosque solía tener la culpa.
O, más concretamente, los simiots.
Las bestias de Arles de Tec
La leyenda está ligada a Arles de Tec, en la Cataluña Norte, donde se alza la abadía benedictina de Santa María, fundada en el año 778.
Según la tradición, por los bosques vivían unas criaturas peludas y salvajes, a medio camino entre un animal y una persona. Algunas versiones les dan cuerpo de león y cabeza de simio. Otras solo cuentan que eran bestias horribles.
Bajaban de las montañas, atacaban a los habitantes y entraban en las casas por los tejados o las chimeneas. Los relatos más oscuros aseguran que se llevaban a los niños para devorarlos en el bosque.
El investigador Jordi Ardanuy explica que el nombre puede entenderse como una criatura parecida a un mono, aunque el origen y la antigüedad real del mito no son tan claros como a menudo se ha repetido.
En aquel valle había lobos, osos, inundaciones y hambre. No hacía falta ver a un monstruo demasiado rato para que, después de pasar la historia de boca en boca, acabara teniendo cara de simiot.
El abad que volvió de Roma
La situación, dice la leyenda, llegó a ser tan grave que el abad Arnulf viajó hasta Roma a buscar ayuda.
Arnulf existió y está documentado en el siglo X. Lo que ya entra en el terreno legendario es su regreso con las reliquias de san Abdón y san Senén, conocidos popularmente como san Nin y san Non.
Eran protectores de los campesinos y las cosechas, sobre todo contra el granizo y las tormentas. Cuando las reliquias llegaron a Arles, los simiots habrían empezado a aullar antes de huir hacia el bosque.
La historia es perfecta: llegan los santos y desaparecen las bestias.
Quizá demasiado perfecta.
Los textos que cuentan el milagro son posteriores a los supuestos hechos. Es posible que el monasterio aprovechara un miedo que ya existía y lo convirtiera en un relato cristiano. Las reliquias ganaban prestigio, la abadía atraía peregrinos y los habitantes obtenían una explicación para aquello que no podían controlar.
Piedra, agua y una procesión que continúa
En la abadía se conservan figuras románicas de animales monstruosos que durante siglos se han identificado con los simiots. No hay ninguna inscripción que lo confirme, pero cuesta mirar una bestia de piedra sujetando a una persona y no pensar en la leyenda.
En el patio también está la Santa Tomba, un sarcófago de mármol que acumula agua en su interior. La tradición la consideraba milagrosa. Los estudios modernos lo explican principalmente por la entrada de agua de lluvia y la condensación.
Y todavía queda la Rodella.
Cada 30 de julio, los habitantes de Montboló bajan hasta Arles de Tec con una gran rueda recubierta de cera de abeja y decorada con flores. La procesión renueva un antiguo voto a los santos para que protejan los campos de las tormentas.
Según una de las historias, un pastor oyó en medio de un temporal unas voces que se quejaban porque las reliquias no las dejaban avanzar. Los vecinos decidieron que solo podían ser los simiots.
No parece la conclusión más científica, pero la procesión todavía se celebra.
El monstruo que necesitaba el bosque
No hay pruebas de que por el Canigó hubieran vivido hombres salvajes con cara de simio. La leyenda podría haber nacido de los animales que se acercaban a los pueblos, de desapariciones reales o de la necesidad de asustar a los niños para que no salieran al caer la noche.
Lo que sí sabemos es que los simiots quedaron pegados al paisaje: en las esculturas de la abadía, en la Santa Tomba y en una procesión que baja de la montaña en pleno verano.
Ahora tenemos carreteras, GPS y predicciones meteorológicas. Pero cuando una tormenta cae sobre el Vallespir y los truenos resuenan entre los bosques, la leyenda todavía funciona.
Sobre todo si la casa tiene chimenea.
Referencias destacadas:
- Ayuntamiento de Arles de Tec — Abadía de Santa María de Arlés (fundación de 778 y Santa Tomba): https://www.ville-arles-sur-tech.fr/abbaye-sainte-marie-darles-sur-tech/
- Ayuntamiento de Arles de Tec — La Santa Tomba: https://www.ville-arles-sur-tech.fr/la-sainte-tombe/
- Destination Canigó — Els Simiots (versión tradicional de la leyenda): https://www.visit-canigo.com/ca/canigo-terra-dels-catalans/mites-llegendes-del-canig/simiots-2/
- Jordi Ardanuy (Universidad de Barcelona) — «The Simiots of Catalan Folklore» (ficha académica): https://diposit.ub.edu/items/51593d22-4351-4e01-a640-6e29a00b974b
- Jordi Ardanuy — «The Simiots of Catalan Folklore» (artículo completo): https://diposit.ub.edu/bitstreams/2afd3db6-dc41-44de-8801-4ed8c668cc55/download
- DOI del estudio de Ardanuy: https://doi.org/10.7592/FEJF2022.85.ardanuy
- Beysens, Muselli, Ferrari y Junca — «Water Production in an Ancient Sarcophagus at Arles-sur-Tech» (Atmospheric Research): https://www.sciencedirect.com/science/article/abs/pii/S0169809501000758
- Festes.org — Procesión de la Rodella (30 de julio, Montboló–Arles de Tec): https://www.festes.org/ca/calendari/festes-d-estiu/553/article/669/processo-de-la-rodella
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